Gabriela Germaná, 2007
Historiadora del Arte
Investigadora del Museo de Arte de la Universidad de San Marcos, Lima Perú
La lógica de la inestabilidad
El cambio es una característica del paso del tiempo, el cambio es movimiento, inestabilidad. El trabajo de Tania Bedriñana está especialmente ligado a estos conceptos. Por un lado, la artista muestra la necesidad de expresarse de manera casi inmediata, materializando al instante lo que concibe. Por otro lado, tiene la conciencia que sólo el transcurso del tiempo le permite la transformación constante de los componentes de su obra, así como un minucioso trabajo material, en la búsqueda de una lógica interna para su trabajo.
Las tres últimas series realizadas por Tania Bedriñana, “Grund”, “Ser/Res” y “Personanormal”, están compuestas por grandes cut-outs o figuras recortadas en papel, pintadas con óleo y emulsiones, remojadas y raspadas, en forma de fragmentos de cuerpos humanos (cabezas, torsos, brazos, piernas), que son montados sobre la pared en grandes instalaciones. Los fragmentos son conectados y forman diversos personajes, los que van adquiriendo una personalidad determinada, una especie de vida en un mundo propio que va apareciendo a la vista mientras se configura en base a diversas asociaciones, contenidos y significados. Son instalaciones que nunca se cierran como objeto terminado, viven en un estado de latente cambio, es así que muchas veces incluso en el momento del desmontaje se han producido nuevos ensamblajes. Y es por ello que, una vez terminada la exposición, los elementos son cuidadosamente organizados y conservados en el taller de la artista, a manera de repertorio, con la posibilidad de aparecer en otro escenario, con diferentes roles y sentido.
El uso de un cartón bastante resistente, que es elegido según su porosidad, le permite a Tania Bedriñana dar numerosos tratamientos de acabado y textura, en él se desliza una pintura al óleo bastante diluida y se impregnan manchas, raspaduras y ligeras líneas de dibujo. Hay, debemos resaltarlo, un rechazo consciente al acabado definido de la pintura clásica, así por ejemplo, cuando un fragmento presenta un acabado en el que se nota el trabajo de líneas, tonos, luces, etc., inmediatamente lo voltea y lo que hay detrás se vuelve todo un descubrimiento más acorde con su trabajo: el papel ha absorbido el aceite del óleo dejando en la parte posterior la mancha de la grasa, la mancha del primer impulso de la mano sobre el papel, no es una casualidad que esté allí.
El espacio arquitectónico no es sólo un marco o fondo que contiene la obra, ambos se integran en un estrecho diálogo, que es el que configura el sentido de la instalación. De este modo, la disposición y las relaciones de los personajes también dependen del lugar en el que se encuentren, y las paredes son integradas al trabajo, interviniéndolas en base a las imperfecciones encontradas en su superficie: las manchas de paredes no restauradas, por ejemplo, son utilizadas a manera de grandes aguadas, los huecos configuran formas, las líneas se conforman en fragmentos de personajes u objetos. Las formas aparecen casi casualmente, pero luego conllevan un trabajo de gran precisión.
Se trata de una obra de carácter intimista, evocativa de sensaciones, imágenes y recuerdos relacionados al comportamiento humano. Tania Bedriñana explora en sus experiencias personales y, a través de los personajes de su obra, representa sus reflexiones sobre los procesos de la mente y la manera como ésta influye en la conducta de las personas. Para ello toma fracciones de recuerdos, de realidad y ficción, escenas de agresión y vulnerabilidad, remembranzas de infancia, sueños y pesadillas. Pero son sobre todo sensaciones las que quedan registradas en su mente, estados anímicos como el sentimiento de desaparecer o de fragilidad, o sensaciones más corporales como las “heridas” en la piel producto de, por ejemplo, tatuajes o alergias. Los personajes remiten a todo este universo: el rostro de una mujer con peines en la cabeza está asociado a un sentimiento de disgusto, una mujer mordiendo una manzana que lleva entre las manos se relaciona con los estados de ansiedad.
Es como si Tania Bedriñana construyera un mundo paralelo para mostrar una serie de aspectos íntimos y personales que sobreviven a la cotidianidad, que afloran del inconsciente y que siente la necesidad de exteriorizarlos, tratando de atraparlos en el instante en que aparecen. Más que la representación de un tema determinado, se trata de vivencias que no tienen una definición precisa, cuestiones sutiles que se quedan registradas, casi sin notarlo, en el cuerpo y en el alma.